Anteriormente ya había pensado escribir sobre esto pero siempre me arrepentía. Ahora, a estas alturas, ya les tengo más confianza que a mí misma y hasta la vergüenza he perdido. Con ustedes, mi primera borrachera:...
Terminé mi 4° semestre sin novio, con un amigo que se largaba a estudiar a otro Estado y con la paciencia en la basura a causa de una tipa. Aparentaba que ninguna de esas situaciones me afectaba y que mi vida iba (e iría) igual de bien.
El último viernes de clases, festejaba con mis 2 amigas, el fin de semestre. Compramos un six (bien ebrias nosotras) y nos dispusimos a dar la vuelta en el carro de una de ellas. Platicamos, reímos, tomamos y el six se acabó y tuvimos que ir por otro.
En La Cantera había otros dos tipos también pidiendo cerveza. Estos individuos (con los que nunca habíamos cruzado palabra) iban en la misma prepa que nosotras, pero un año arriba, y -casualmente- uno de ellos era el amor platónico de una de mis amigas. No recuerdo cómo (o no quiero hacerlo -vaya usted a saber-) pero cuando salimos del establecimiento ya habíamos aceptado irnos con ellos a un rancho a seguirla. Mala idea número 1. Regresamos a la casa de mi amiga, dejamos el carro y huímos con los tipos.
Llegamos a El Rancho de Todos con un cartón de Indio. Hasta la mitad del cartón todos platicábamos con todos, criticabamos maestros, contábamos anécdotas y demás, cual amigos de años atrás. Después, mis amigas empezaron a hacer de las suyas y cada una platicaba con uno de ellos mientras yo me acompañaba sólo de cervezas. Compramos otro cartón. Cartón que fue sólo mío: mientras yo me encargaba de vaciar las botellas mis amigas se encargaban de que yo no hiciera mal-tercio con sus prospectos.
Menciono que soy de esas personas a las que no se les nota mucho cuando ya no tienen sus 5 sentidos funcionando correctamente. Recuerdo que en una ocasión, mi familia me dejó tomar y tomar y se sorprendían de que yo seguía como si nada. Obviamente no; ya andaba más ebria que nadie pero, claro, ellos no lo notaban. Lo mismo pasó con mis amigas: me dejaron beber y beber y beber y beber...
Según mis recuerdos, notaron mi nivel de ebriedad cuando regresé "del baño" (porque el asqueroso rancho ni baño tenía): llevaba las manos y brazos raspados y unas partes sangradas: me había pasado por en medio de un alambre de puas. ¿Me dolió? Obvio no. Después siguió mi terquedad por estar con una de mis amigas. Mis amigas, con lo buenas que eran, me encerraron en el carro para que durmiera y las dejara estar con los tipos. Mala idea número 2. El carro terminó vomitado en no-recuerdo-cuántas-partes.
Hasta ahí fue cuando se dieron cuenta de lo mal que andaba. Decidieron que lo mejor era traerme de regreso a la civilización y esperar a que se me bajara. En el camino, uno de ellos comenzó a hacerme preguntas bastante personales esperando que, con mi nivel de consciencia, se las respondiera. Mala idea número 3. No le contesté ni una, al contrario, de mi boca empezaron a salir todas las cosas que yo pensaba de él; cosas nada agradables.
Él era el dueño del carro. Él se enfureció por mi sinceridad. Él decidió bajarnos del carro a mis amigas y a mí.
"Afortunadamente" se me ocurrió abrir mi bocota ya en la civilización. Mis amigas pudieron (sabrá Dios cómo) llevarme a una tienda, comprar chiles en vinagre y prepararme el café más cargado que jamás he tomado. La chava que atendía la tienda se portó muy buena onda: ni siquiera se enojó cuando vomité.
Después de eso no recuerdo qué pasó.
De lo que estoy 100% segura es que a mis amigas las regañaron y castigaron. A mí, mi madre, sólo me hechó un rollo del porqué no debía irme a otro lado sin permiso y de que mi falda del uniforme no se veía presentable con la parte de abajo descosida (maldito alambre de puas). Ni siquiera notó mi ebridad.
Y, según yo, nada me había afectado.